VILLAMORON

Cuando la economía tenía un sentido autárquico, esta enorme parte de la Meseta superior de España, conoció siglos de gran prosperidad, llegando a ser estas villas y ciudades las más ricas del Reino. Así se demuestra por el muy valioso patrimonio cultural y artístico que, a pesar de los expolios sufridos, gozamos en el día de hoy.

Esta región fue antaño un bosque cerrado de encinares y de robledos, de hayedos, olmedas y salcedas; razones políticas operaron la conversión del bosque al labrantío y a la dehesa, consiguiendo unas espléndidas paneras y bodegas y un hombre de cultura agraria.

Esta tierra de cultura celtíbera en tiempos romanos (habitada por los “túrmogos”, según los historiadores romanos), aporta también restos de asentamientos anteriores pues ya desde época prehistórica estuvo ocupada. De ello atestiguan los restos de una necrópoli de origen en parte celtibérica hallados en el término de “El Peral” (en el camino real de Villasidro a Villadiego), de los cuales se presupone que pudo estar aquí la ciudad de Moreca. Muchos de estos restos pueden ser visitados en el Museo de Burgos.

Otras pruebas de estos asentamientos las encontramos también en el término de “El Palomar”, al Norte del pueblo de Villamorón, en él se encontraron restos que pueden insinuar un poblado de la Primera Edad del Hierro. Ya en época romana fue este término igualmente asiento de una villa, existiendo una fuente al pie de la terraza, de estructura romana que aun se conserva.

Atravesada por la importante calzada que comunicaba Hispania con la Galia (Bracara-Burdigala) es una zona de importante romanización ya desde épocas tempranas y centro desde el que se controlaba a los belicosos cántabros.
Está documentada, por la referencia de los historiadores romanos, la presencia del emperador Augusto en estas tierras pues desde Segisama (actual Sasamón) emprende el castigo y sometimiento de los cántabros. Numerosos restos de puentes, algo de calzada, villas y otros restos atestiguan la profunda romanización que parece se debió dar. Con posterioridad, los visigodos se asentarán ante todo en tierras de los vaceos y túrmogos y desde ellas intentarán controlara a las gentes levantiscas del Norte, cántabros y otros grupos. La desaparición del Reino Visigodo a partir del año 711 y del proceso siguiente de organización posterior del Reino de Asturias, sacan del anonimato a esta tierra.

Nuestra villa (cuya identidad va a partir de ahora siempre ligada a la identidad de Villegas) y la villa de Villegas nacen a mediados del siglo IX, en un momento concreto de ese doble fenómeno que llamamos Reconquista y Repoblación, que en las orillas del río Brullés acabó por el año 880. En esta época, el Conde Diego Rodríguez Porcelos, funda una Villa bien defendida a la que da su nombre: Villadiego. Castilla llevaba quince años caminando, desde el 15 de septiembre del año 880, en el Valle de Mena. En el año 850, Castilla está en los páramos y el rey de Oviedo envía un Conde para que la dirija. Viene el Conde Rodrigo que en el año 860 conquista Amaya. Los foramontanos, es decir los que abandonan y cruzan los montes cantábricos buscando a España, su pan, su vino y su libertad, se establecen en aldeas sencillas, en las grandes extensiones de la Bureba, los Páramos y los ríos mesetarios.

La obra que continúa don Diego, hijo de don Rodrigo, que funda en el año 884 la ciudad de Burgos, cierra defensas por el Oriente. Mientras tanto el Conde Nuño Nuñez asienta con firmeza la villa y castillo de Castrojeriz, dejando en parte libre esta tierra de las mayores amenazas islámicas.

Al abrigo de esta seguridad, se presentaron un día en Villadiego un grupo de familias al Conde Diego. Venían de las montañas, de las Asturias, de Santillana y buscaban un puesto bajo el sol para asentarse, colonizar la tierra y sumarse a los ideales de la joven Castilla que a todos recibía y trataba por igual. Los dirigían dos personajes caracterizados: Egas y Mauronta. El Conde les asignó un sector, una legua más abajo de Villadiego, sin salirse de las orillas del Brullés. Las familias se asentaron y se aplicaron a amojonar sus términos, a reunir materiales endebles, barro, ramajes para levantar sus chozas, para construir un templo rural y alzar una torre en la que un hombre estaría atento por si venían los temidos árabes. Cuando acaban sus labores y señalan las tierras del común y las tierras de la familia, habían nacido dos nuevas Villas: VILLEGAS (Villa de Egas) y VILLAMORÓN (Villa de Mauronta).
Pronto, otras cuatro Villas se asentaron en las más de 2.400 hectáreas del actual término de Villegas, quienes al despoblarse y desaparecer en el siglo XIV, dejaron a Villegas como su heredero.

A lo largo del siglo XII y sobre todo en el siglo XIII, la zona vive una etapa de particular desarrollo económico, al calor de la importancia mercantil adquirida por la propia ciudad de Burgos y las especiales relaciones de los señores de la zona con la ciudad del Arlanzón. Ello contribuye de especial manera al proceso de construcción y remodelación de las fábricas de las iglesias parroquiales de los diferentes núcleos de población de la zona, del que son muy buena muestra las de Villamorón, Grijalba y Sasamón. Unas son costeadas por cabildos (Sasamón) y otras por los señores del lugar, pero todas prueban el importante desarrollo y auge en los siglos de la floreciente Edad Media. Es probable que Villegas y Villamorón pertenecieran al Alfoz de Hormaza desde el siglo X, y es muy probable también que el hecho de que el señorío de un noble y no de realengo o abadengo, tenga mucho que ver con el Templo actual de Villamorón dedicado al apóstol Santiago. Los derechos sobre la Iglesia parece que fueron siempre del obispo.

Los vecinos de Villamorón levantaron una gran y hermosa iglesia, forzosamente para que les sirviera en sus necesidades de culto, sobre otra primitiva iglesia; lo que nos hace pensar que tal vez existió otro notable templo románico que por no haberse concluido o por no adecuarse a las expectativas del patrono, se decide ampliar de acuerdo al nuevo lenguaje arquitectónico: el gótico. Esta Iglesia tiene un gran valor artístico y con tantas originalidades que ha merecido estudios detenidos por parte de los especialistas, que la han analizado en todos sus contenidos.

Una de sus principales singularidades es que este templo es el primero concebido en estilo gótico en las tierras burgalesas, cuando la reforma del cister transformó la austeridad y magnificencia del románico en un arte limpio y lleno de simetría. El edificio actual de la Iglesia pertenece al tardorrománico protogótico según algunos o al gótico pleno según otros.

En el siglo XIII hallamos a Villamorón en el Libro de Préstamos del obispado con 42 maravedies, lo que puede significar que la Villa contaría con 40 vecinos. Mayor población debía tener Villegas, pues en el citado documento leemos 50 maravedies con valor de su préstamo, con un valor semejante a un rebaño de 500 ovejas. El dinamismo de su gente lo podemos ver en su topónimo -Villegas- que pasa a ser apellido de creciente notoriedad en al Historia de España.

En efecto, en el siglo XIV no topamos con los Ruiz De Villegas. Esta familia aparece actuante, tanto en Villegas como en Villamorón, en el tema de las llamadas Behetrías. Era éste un benefactor, una especie de protector que, a cambio de algún estipendio, les defendería de las posibles agresiones de nobles, funcionarios y otros personajes. Había Behetrías de “mar a mar”, es decir, que se podía elegir como benefactor a cualquier ciudadano; las había “cerradas” a un linaje o a un solar. Este parece que era el caso de nuestra Villa. Se advierte que los vecinos eran los electores y los que también podían destituir al que habían elegido como benefactor, si éste no cumplía como esperaban.

En el Libro de Behetrías, del año 1350, tenemos las fichas de Villegas y Villamorón que en esto parece que estaban separados. Entonces, era benefactor de Villamorón Sancho Ruiz de Villegas que percibía, según el baremo de bueyes y labranza, 12 celemines de pan mediado y dos maravedies y los que sólo tenían un buey o ninguno, pagaban 3 celemines de cebada y un maravedí. Al rey también pagaban la martiniega que aquí ascendía a 90 maravedies, y servicios y monedas. El maravedí de 1350 ya no era tan fuerte como el de 1250, que se traducía por 10 cabezas lanares; ahora representa el valor de una gallina. También en la Edad Media se devaluaban las monedas.

Durante los siglos la vida transcurrió pacífica en Villegas y Villamorón. El ritmo de las cosechas comenzaba en otoño tras guardar el pan, el vino y preparar la nueva sementera y la matanza. Se podaban las vides y se pasaba el invierno con sus hielos y nieves. La primavera llegaba y renovaba la vida, se escarchaban los cereales hasta que se empuñaban las hoces de cara al verano. Las fiestas religiosas de las Pascuas de Santa Eugenia (Patrona de Villegas, 29 de diciembre) y del Señor Santiago (Patrón de Villamorón, 25 de julio) eran descansos en el camino; nacimientos, bodas y bautizos se guardaban en la memoria. Las campanas parroquiales regulaban la vida de los vivos, de los difuntos de los animales. El campanero tenía mucho que hacer, y hasta 1980 existió la tradición de voltear las campanas el día de Santiago en la Iglesia de Santiago de Villamorón, aunque no se celebrara misa.

Más o menos los habitantes que se estima tenían Villegas y Villamorón a finales del siglo XVI, cuando los dos poblados formaban una sola entidad, son: 99 vecinos que serían unos 500 habitantes, los mismos y siete más contaban en 1752: 106, incluyendo a dos viudas como un vecino. El censo daba 97 vecinos y 18 viudas con casa propia y abierta.

Precisamente en ese año de 1752, el Marqués de la Ensenada, Ministro de Fernando VI, mandó cumplir su proyecto de Catastro para la Contribución Única, a los efectos de competir con justicia las obligaciones fiscales. Por fortuna, se hizo en nuestra Villa, resultando ese Catastro la mejor fuente de información para conocer a todos y cada uno de sus vecinos. Se reconoce que Villegas y Villamorón son un Villa con dos barrios, pero con la misma jurisdicción, encabezamientos fiscales, comunidad de pastos, leñas, aguas, etc. Y son de carácter de realengo. No hay por medio ni señorío secular ni eclesiástico.

  • El término tiene cuatro leguas y cuatro de contorno y harían falta cinco horas para recorrerlo.
  • En su mayor parte corresponde a secano.
  • Se mide por fanegas castellanas de 12 celemines.
  • Los viñedos se miden por cuarterones, medios y obreros; un obrero son 100 cepas.
  • Se cosechaban cereales, hierba, lino, vino y se crían todos los animales domésticos, incluidos los pavos, que valen 5 reales por la unidad, el salario de dos días y medio de un jornalero.
  • Los precios son altos:
    • Una fanega de trigo 15 reales
    • Una arroba de lana 27 reales
    • Un cordero 7 reales
    • Una cántara de vino 3,5 reales
  • Los vecinos no se morían de hambre y menos de sed. El cronista ha realizado una valoración a través de los diezmos, de una cosecha de la Villa, resultando una renta por vecino de más de 850 reales-año, cifra que para sí hubieran querido la mayoría de los pueblos de la España de 1752.
  • Funcionaban entonces tres molinos de una rueda, con los nombres de Sotillo, Villalao y los Clérigos.
  • Hay en el pueblo 59 colmenas y recrían ganados, según señalado.
  • Hay una taberna que renta al Concejo 360 reales y una tienda que le cotiza 50 reales.
  • La Villa compró a la Hacienda Real el que llamaban Cuarto de Fiel Medidor (de vinos) que arrendaba al Concejo por 200 reales al año. Mucho vino medía el tal Fiel.
  • También había gastos:
    • - Al médico 70 fanegas de trigo, es decir, 1.050 reales.
    • - Al escribano 94 fanegas de trigo, es decir, 1.400 reales.
    • - Al herrero 40 fanegas de trigo más 150 reales.
  • La Villa padece un censo de 30.000 reales que prestó una dama que vivía precisamente en Cortiguera, cerca de Sedano. El interés era bajo: al 2,5 %. Total, 750 reales al año.
  • En los dos barrios había zapatero, sastre, guardas del campo, pastores, 7 sacerdotes que atendían las dos iglesias y tres pobres de solemnidad.

La paz y el orden se turbaron con la Guerra de Independencia contra Napoleón (1808), y con las Guerras Carlistas (1833).

En 1900, los habitantes han subido a 528 y en 1950 a 476 en Villegas y 149 en Villamorón. En total había 625 habitantes en los dos barrios, que, en la segunda mitad del siglo XX fueron testigos del total vuelco que dio el campo español por las razones económicas y sociales que conocemos.