Enlace a foto 1 de la morera
Enlace a foto 2 de la morera
LAS MORERAS DE VILLAMORÓN
Tras leer este artículo, cuyo enlace se adjunta:
me he acordado de la magnífica morera que se alza frente a la casa parroquial de Villamorón, en cuyo jardín compite en altura con un esbelto pino. Ese espacio cerrado, que es lo que etimológicamente significa jardín, es de los escasos lugares del municipio donde crecen árboles, riberas del cercano y modesto Brullés aparte; algo que, sin duda, resalta en una comarca de llanuras cerealistas.
Seguro que los mayores conocen bien el fruto de las moreras, árboles a los que los naturales de Villamorón prefieren llamar morales, del que, además de su sabor y color, saben lo difícil que resulta quitar las manchas que dejan. Pero es muy posible que este
tipo de árboles poco o nada digan ya a los más jóvenes, criados en ámbitos alejados del campo.
En el enlace anterior se da cuenta de las moreras que crecen junto a las iglesias en numerosos pueblos del norte de la provincia de Burgos. También los hay en otras latitudes provinciales. Los ejemplares que más me han llamado la atención se alzan en Tañabueyes, asimismo enfrente de la pequeña iglesia que hay en el centro del pueblo y muy necesitados de una cuidadosa poda, que iba a realizar nuestro añorado Jorge Villalmanzo, fallecido poco antes de llevarla a cabo. Sí pudo podar el bueno de Jorge la morera de Agustina, en Villanueva de Carazo, que da nombre a una bonita casa rural.
Según el enlace antes citado, “algunos autores dicen que en tiempos mozárabes y medievales atribuían a este árbol propiedades mágicas y sagradas. De ahí viene la tradición de plantarlas junto a los templos que se construyeron a partir del siglo IX, conforme avanzaban la reconquista y repoblación. ¿Rito pagano? ¿Árbol mágico?
Misticismos al lado, la morera es una especie con madera dura y resistente a la humedad. Sus hojas se han empleado para alimentar a los gusanos de seda. Tienen propiedades analgésicas y cortan de manera radical la diarrea Y sus frutos, las moras, rojas o negras, son ricos en vitaminas y azúcar”.
En el caso de Villamorón, no se alza la morera junto a la iglesia, sino frente a la casa parroquial, como queda dicho con anterioridad. Pero tal lugar no deja de ser un espacio unido al templo de Santiago y al cementerio cercano, antiguamente ermita dedicada a
Santa Leocadia. ¿Qué idea tenía en mente quién la plantó allí? Lo desconocemos, pero seguro tenía que ver con una tradición que venía de muy atrás y pervivía entre los habitantes del lugar, como lo atestiguan otras moreras de variado porte que hay allí, aunque plantadas en fincas particulares y desvinculadas, por tanto, del espacio sagrado.
Me cuenta uno de los pocos naturales de Villamorón que vuelven allí durante el verano, que acaba de plantar un moral en su huerto, y que lo cuida con mimo, porque le ha dicho una vecina que a esos árboles les cuesta agarrarse al terreno. Son gente como él, niños de pueblo, los que aún continúan con la sabia costumbre de plantar esos árboles que a duras penas sobreviven en nuestros campos: moreras, jerbales, guindos…, portadores de arcanos, que artículos como el del inicio nos desvelan, aunque sólo sea mientras los leemos.
Pedro Fco. Moreno

















